Buscar este blog
@Mangoz53
Popular Posts
-
Afuera llueve probablemente por costumbre hay silencio y reposo bajo los tejados dormidos, no hay argumentos para pensarte pero...
-
Ella tiene la obsesión de florecer cada junio como una cayena roja y polvorienta tiene la calma ausente y la dulzura le discurre ...
-
Casi siempre asociaba a esa mujer con la suavidad de las formas y con una estética que algunos describirían como armoniosa; ella tiene el d...
-
Declaro solemnemente que amo a esta mujer de sonrisa franca, que la extraño con urgencia bajo los aguaceros y sin el amparo de las es...
-
Como un gesto sin fondo para avivar memorias que van a ser pasado te regalo la sombra de una palma llena de sol y luz te regalo...
-
Mujeres luminosas, mujeres que se proponen a la vida desde la convicción de que son el principio y el fin mujeres esplendidas com...
Blog Archive
Blog Archive
Manuel Gómez Naranjo. Con tecnología de Blogger.
Acerca de mí
lunes, 30 de enero de 2017
Ella tiene la
obsesión de florecer
cada junio como
una cayena roja y polvorienta
tiene la calma
ausente
y la dulzura le
discurre desde los pies a los pezones,
ella se
entretiene debajo de su pelo
juntando
amaneceres y horizontes
y luego llueve y
se extiende fragante sobre el mundo.
Ella tiene la
obsesión de florecer
cada junio como
una lisonja para la gente triste
tiene los ojos
limpios
y la vida le
estalla en sus gestos amables,
ella se ocupa de
inventar liturgias
de dioses
olvidados y remotos
que sueñan con
aldeas llenas de sol
y de alegrías.
Ella tiene la
obsesión de florecer
cada junio como
un optimismo reluciente
tiene manos
gentiles
y el silencio le
duele entre los labios,
ella es en sí
misma una posibilidad y un invento
es un perfume que
nace cada junio
es un espíritu de
luz
que vive entre
nosotros como
un augurio feliz.
Manuel
Junio/26/2001
Etiquetas:
POEMAS
|
0
comentarios
viernes, 27 de enero de 2017
Gracias Cortazar...
Había –y si no fue así, debió existir- una Glúcida
que transitaba meandros cavernosos, debió ser además
roja
con pretensiones de naturaleza y de sol.
La Glúcida, enemiga absoluta y gratuita de lo humano,
se entretenía en afanes porosos con su lanza de
hidrógeno
que alguna vez será explosión y sangre
y luz azul y transparencias.
Esta Glúcida tenía también una historia tenebrosa
y oscura, en la que ella había cedido a ciertas
humedades
y a ciertas exigencias de un Lípido elegante y
volátil.
Se habló por ese entonces de redondeces y de llantos
infantiles, y luego de susurros y silencios; alguno
propuso
hogueras y nuevas inquisiciones, en fin....
La Glúcida viste de negro se la asocia al Caronte
de Miguel Angel
en su bogar diabólico hacia el fuego eterno. Se decía
que
cuando cierta mujer abría los ojos y soñaba (los ojos
de la
mujer eran la luna de la Glúcida) se oían en aquel
pequeño mundo
aullidos feroces y gritos helados.
Alguien dijo haber visto unos senos peludos, pero
erectos
y vibrátiles, que se escurrían bajo una alfombra de
pelo luminoso.
La Glúcida era prólogo de llantos, taumaturga de
penumbras,
alquimista de infelicidades; todo esto dicho, desde
luego, por
los oficiadores eternos de la palabra.
Manuel Gómez
Naranjo
Caracas, 12 de
enero/87.
Etiquetas:
POEMAS
|
1 comentarios
miércoles, 25 de enero de 2017
En las paredes imposibles de un Tepuy del Amazonas había una hendidura
irrelevante que guardaba secretos de voces antiguas. Tales secretos estaban
registrados en arcilla con el código maravilloso de los ideogramas. En su
discurso predominaban los pájaros y las serpientes.
Cuenta esa cosmogonía que existió una Diosa alada que tenía los
ojos claros y una boca carnosa; cuando se la miraba de perfil prefiguraba los
rostros estupendos de los griegos sorprendentes que llegaron a construir el
Partenón y contaron historias de hombres que dialogaban mansamente con sus
dioses.
La Diosa se hacía llamar Mauruy fonema emparentado con el quechua que
literalmente significa “mujer aérea”, y es que, Mauruy utilizaba el vuelo como
argumento de creación y belleza. De tal forma que cuando los bosques se
incendiaban y el espanto amenazaba a los habitantes de la selva, ella volaba
suavemente sobre las nubes y hacia llover sobre los campos inventando la calma
y la certidumbre de los seres.
Mauruy guardaba sus palabras para la liturgia y de ordinario solo
reía. Cuentan los ideogramas que volaba y reía, por ejemplo, en abril y las
flores estallaban en colores magníficos. Volaba sobre los ríos tumultuosos y
estos se llenaban de promesas de peces e inundaban la piel cuarteada de las
sabanas sedientas. Y mientras tanto ella callaba, se sabía una divinidad
falible que demasiadas veces claudicaba de emoción ante la fragilidad humana.
Cuenta la historia que en la “creación alrededor de la piedra” o
liturgia, Mauruy hacía derramar todas las cascadas de la tierra sobre una
enorme roca para emerger entre una llovizna de arco iris plena de desnudes y de
pureza. Ella flotaba sobre el mundo y luego reposaba extendida sobre la roca;
lloraba la Diosa, gemía en el enorme silencio de la selva, su olor de miel y
flanboyan poblaba los sentidos de sus criaturas y una humedad maravillosa los
preparaba para el amor. La selva se llenaba de silencio hasta que ella decía
desde su sueño de divinidad: “Yo soy el
cielo y la tierra, en mi luz habita la salvación y la eternidad. Yo soy el
cuenco sagrado del que tomarán las almas la sabiduría de los Dioses”. Y la
selva en silencio iniciaba una fiesta de polen y de semen que alcazaba el
eterno futuro de renovar el mundo desde la plenitud del placer.
Y luego Mauruy dormía extenuada. Los pájaros retomaron el canto hasta
el anochecer haciendo coro a la risa nocturna de la Diosa quien estaba
florecida de felicidad.
Los exegetas refieren, que de no ser apócrifa esta historia sagrada,
resultaría extremadamente importante ejercitarse en la templanza y la
sobriedad, porque estaría demostrado que la coexistencia del silencio y la risa
son una anunciación del espíritu alado de Mauruy, con lo que resultaría muy
inapropiada una humedad incontinente en medio de las urbes pobladas de seres
que han olvidado los gestos de la caricia y el beso apasionado. Ello
demostraría también que la ciudad es menos apropiada para la cópula que los
espacios abiertos y que el smog espanta el espíritu alado y selvático de
Mauruy.
Otros sabios afirman que a pesar del paisaje geográfico trastrocado
por el cemento, la Diosa del Tepuy nos espía desde las hojas lánguidas de los
helechos, desde el ladrido educado de los perros domésticos, y pervive en el
color de las Orquídeas que se asoman a la orilla de los caminos. “El
espíritu de Mauruy –dicen- es el
absoluto, nos trasciende desde su eterna divinidad; así que hay que mirar muy
bien donde suele la gente guardar la felicidad en este tiempo”.
En el mundo sencillo de los mortales, un hombre devoto de Mauruy mira
una serpiente -por decir un absurdo- y tiene reminiscencias de la liturgia de
la roca, se estremece sin saber por qué y siente una mágica alegría, se podría
decir que lo invade una certidumbre de que en cualquier momento sentirá el
abrazo de salvación y eternidad de la Diosa Mauruy.
Manuel.
28/05/01
Etiquetas:
RELATOS
|
0
comentarios
martes, 24 de enero de 2017
Tendrás un día que salir
desnudo
saber
de tus humores clandestinos
volver
–quiero decir pertenecerte-
a los
rituales zoomórficos.
Tendrás
que reconocer al mono
en la
caricia de tu hembra ¿que te cuesta?
En el
miedo subrepticio a la noche ¿qué te cuesta?
En los
antojos pedagógicos
de
plátano y cambur ¿qué te cuesta?
Tendrás
un día que desahogarte el cuello
¡estás
sudando!
que
ponerle un gran pájaro
a tu
ceño
y otro
ceño a tu luna
y a tu
sombra
y otra
luna a tu párpado anteojado.
Tendrás
un día que deshacer los gestos
alfombrados
bruñir
a cada rato la sonrisa
gruñir
satisfacciones educadas
saltar
como un conejo –si hay motivo-
y creer
aún en Darwin
y en
Santo Tomás.
Manuel
Gómez Naranjo
Acarigua,
06 de abril/88.
Etiquetas:
POEMAS
|
0
comentarios
Mujeres
luminosas, mujeres que se proponen a la vida desde la convicción de que son el
principio y el fin
mujeres
esplendidas como la luna llena y El Ávila, como el Salto Ángel y el relámpago
de El Catatumbo
nadas de racionalidad y de pasión; mujeres de azahar y de amaranto que
flotan en las atmósferas y en las ensoñaciones de este mundo desarticulado y
confuso. Mujeres que construyen desde los jirones vegetaciones húmedas que
vibran como volcanes a punto de eructar; mujeres que son selvas de ternura y
desiertos ominosos, luz y sombra, palabra y silencio. Mujeres que flotan en el
reflujo de las olas del mar más antiguo como plumas livianas de aquellos
pájaros que no han renunciado a la libertad.mujeres
luchadoras impregnadas de racionalidad y de pasión
mujeres
de azahar y de amaranto que flotan en las atmósferas y en las ensoñaciones de
este mundo desarticulado y confuso.
Mujeres
que construyen, desde los jirones, vegetaciones húmedas que vibran como
volcanes a punto de eructar
mujeres
que son selvas de ternura y desiertos ominosos, luz y sombra, palabra y
silencio.
Mujeres
que flotan en el reflujo de las olas del mar más antiguo, como plumas livianas,
de aquellos pájaros que no han renunciado a la libertad.
Manuel
Gómez
Etiquetas:
POEMAS
|
0
comentarios
Declaro solemnemente que amo a esta mujer de sonrisa franca, que
la extraño con urgencia bajo los aguaceros y sin el amparo de las estrellas;
dejo constancia que ninguna de estas emociones me ha sido impuesta, ni
conminado, ni han sido declaradas bajo coacción, sino que han sido manifestadas
voluntariamente después de constatar que estoy rendido ante su fragancia de
rosas, que esas emociones corresponden a mi extravío en los recovecos de su
cocina y que he cometido el pecado de beber la poción sagrada que habita entre
sus piernas; en función de lo cual propongo que se me declare sujeto a
observación para determinar si mi estado de felicidad es genuino o es un
producto de origen dudoso Made In Taiwán, con apariencia sólida cuando en
realidad se extingue a los ocho meses.
Pido que se incluya esta declaración en acta y que quede
constancia para la causa, de tal manera que yo como procesado, como extraviado,
como lujurioso, como forastero, como esclavo de memorias atávicas, como reflejo
límbico y como pecador empecinado; tenga las garantías suficientes de que seré
compensado con la mirada dispuesta y amorosa de la mujer que cada vez que mi
alma transmigra ha sido la causa de mi perdición.
Manuel Gómez
Etiquetas:
POEMAS
|
0
comentarios
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



