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@Mangoz53

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Manuel Gómez Naranjo. Con tecnología de Blogger.
viernes, 6 de enero de 2017


Como un gesto sin fondo
para avivar memorias que van a ser pasado
te regalo la sombra de una palma
llena de sol y luz
te regalo la humedad del trópico
con sus hombres que sueñan con los ojos abiertos
con sus métodos mágicos para anticipar el destino
con su acento en la piel y en el instinto.

Como un gesto sin fondo
para vulnerar los imperativos del olvido
te propongo un asunto de olores y de sombras
de mirarse a los ojos en el puro silencio
de abatir las costumbres y las formas
de latir como un corazón después de la tragedia
y en medio del amor.

Como un gesto, en Bruselas, que es sólo
un balbuceo
tengo mi frío para ser espantado
y las palabras  solas debajo de la niebla
tengo tus vibraciones presentes
y en tu ausencia
dispondré de El Quijote y de Picasso
para encontrarte entre la gente.


Manuel Gómez Naranjo

Bruselas, noviembre/95.
viernes, 23 de diciembre de 2016

Estoy inundado, sumergido en un océano
de ganas,
siento como si las violetas estallaran estrepitosamente
en procura de alcanzar el azul incierto y rumoroso
de los espacios íntimos.
Busco en la oscuridad los resquicios de piel
que son lisonjas para la soledad de mis manos,
que son aliento para alcanzar la cumbre de las
madrugadas.
Estoy inundado, sumergido en tus gestos
alfombrados,
siento como si las mariposas temblaran tenuemente
en la búsqueda de los azules enterrados bajo
los escombros de las almohadas.
Busco en la penumbra tus palabras florecidas
que son incienso para evadir costumbres,
que son palma y montaña para cuando haya sol
y ande vacío.
Estoy inundado, sumergido en la fatiga de los axiomas
éticos,
siento como si el pecado fuera un argumento medieval
que procura la salvación de todo el cielo azul
que habita entre tus piernas.
Busco entre las sombras tus palpitaciones eternas
que son retoños tiernos que abordan el paisaje
que son pájaros libres ansiando las violetas
disfrazadas de azul.
Estoy inundado, sumergido...



Manuel Gómez N

Caracas/23 de Octubre de 2000
Casi siempre asociaba a esa mujer con la suavidad de las formas y con una estética que algunos describirían como armoniosa; ella tiene el don de un cierto refinamiento que se opone a las estridencias, escapa de lo sutilmente escatológico y prefiere los espacios minimalistas en los que nada parece ser excesivo ni ruinoso. De allí que una de estas mañanas me sorprendí pensando en ella en medio de la algarabía del Mercado de Guaicaipuro.
-¿Por que esta incongruencia? – barrunté, sin encontrar una respuesta a esa evidente paradoja-; sin embargo luego caí en cuenta que era una asociación por contraste. Me quedé a escuchar el lugar y descubrí una interminable sarta de improperios al lenguaje; donde lo más potable era: ¡que tripeo pana!
Mi pensamiento lograba sortear la columna insufrible del reggaetón y los estrujones de los se afanaban, como yo, por hacer compras de última hora y se quedaba detenido en el olor de esa mujer mientras observaba una colilla de cigarrillo que giraba inocente por el piso seguida por la disputa de un par de indigentes que reclamaban el derecho a una última chupada; y de allí saltaba a una gorda gigantesca que poblaba el pasillo mientras sus nalgas parecían olas capaces de abatir el erotismo del más potente de los hombres. ¿Erotismo? Y mi cuerpo se metía en la regadera con esa mujer quien se bebía a Aristóteles y el cogito ergo sum y la Ontología del Lenguaje, con Nietzsche incluido; sorbía la literatura universal fruida en centenares de horas de placer estético: Cervantes, Borges, Boccaccio, Eco, Octavio Paz, Benedetti, Cavafis, Dante; Marguerite Yourcenar; Johann Golfgang Von Goethe; Homero, y un largo y substantivo etcétera.
Guicaipuro era una presencia omnímoda y farragosa que saturaba cualquier insinuación de esa mujer luminosa, ni dejaba heridas por las que pudiera fluir la belleza de un poema, pero la luz que entró por la fractura que dejaba la gorda al caminar me trajo un verso de homero: “Al mostrarse en el día la Aurora de dedos de rosa” y me trajo la perplejidad maravillosa de Sancho en la ínsula Barataria y la soledad de Robinson Crusoe, y la frustración de Samuel Robinson intentando, en un país de esclavos, enseñar lo que es el republicanismo: “una República, es una Res Pública, es decir una obra de todos”. La Aurora de dedos de rosa me toco el rostro y me hizo consciente de mi propio aislamiento, estaba solo en Guaicaipuro sin Viernes y sin Don Quijote y ni el olor de las empanadas podía distraerme de las memorias que guardo en las yemas de los dedos, en mi olfato, en mis visiones pasadas, en la intimidad de mi cuerpo profanado por el amor.   
La vendedora de empanadas se llamaba Wileydis y estaba embadurnada de masa de pie a cabeza, sin embargo dejaba traslucir una cierta felicidad inocente. Yo pensaba en la virtud de los que sirven por convicción, independientemente de donde se alimenten esas convicciones; es como quien decide hacer el bien sin estar muy convencido de la existencia del paraíso y sin el temor a las llamas crepitantes del infierno. Wileydis hizo resbalar seis empanadas sobre el aceite hirviente que crepitó sordamente en medio del bullicio de Guaicaipuro; pensé en cómo era posible que alguien pudiera llamarse como la empanadera y sonreír; pensé en esa mujer que tiene una boca como de durazno y un nombre que parece haber sido creado para ser cantado por un Aedo.
Ella estaba ahí en medio de Guaicaipuro, la traje a mi presencia empinándome sobre el barroco de un espacio saturado de ruidos y de olores, recordé el Khan el Kalili, de El Cairo, donde los vendedores te tocan con lujuria para venderte un pañuelo de colores o un collar de sándalo falso. Ella caminaba a mi lado con Borges como compañía y me imaginé construyendo un discurso para ella con la fórmula Borgeana: “Escribir un libro, un capitulo,  una página, un párrafo que sea todo para los hombres como el apóstol; que prescinda de mis aversiones, de mis preferencias, de mis costumbres, que ni siquiera aluda a éste conmigo”.
Guicaipuro, entonces, se tornó amable porque ella me permitió descubrir que la felicidad está agazapada en cualquier lugar, aun en una mujer que se llame Wileydis o en una gorda con el culo frondoso, o en los que tuvieron la dicha de compartir la última chupada de una colilla desechada. Ella siempre me salva, siempre me hace mejor, siempre me reivindica con la vida.


Manuel Gómez      


Todo vuelve como las sombras
Cubriendo hendiduras blandas en medio de la calma
Tocas lejana los rostros
suavemente olvidados en almohadas de espuma
con gestos que se parecen demasiado al recuerdo.

Alazana en las tardes
para alegrar memorias de tinajeros
al pasto húmedo y a los pájaros dorados.

Alazana en las noches
para confundir el viento con tus crines de asombro
de neblina lluviosa
principio y fin de tempestades
que vienen desde el sur contando en Quechua
los rituales eternos que exhortan a los demonios
a abandonar su oficio de hacedores de felicidad.

Todo vuelve como la luz
quitando el polvo dormido sobre las criptas
que ocultan polvos que fueron emociones.
Palpas remota los bolsillos frugales
que atesoran caracolas de mar y monedas limpias
para transar una caricia de amor.

Alazana en el alba
para oficiar de ventana azul
donde se asoma el sol
a mitigar su aburrimiento secular
para oficiar de palma lejana y fresca
para ofrecerte con todos los sueños
de la noche
para ofrecerte desde la pupila redonda
hasta la duda existencial
para ofrecerte sola y suelta
violenta y húmeda
como este trópico que habitas.

Manuel Gómez Naranjo

Ahora hay silencio, desde afuera se cuela el murmullo de los carros que recuerda esas películas de dinosaurios, veo mis libros y pienso que soy afortunado porque he logrado conservar una muestra de lo que ha escrito tanta gente que admiro y que me ha ayudado a crear una imagen del mundo; tomo un libro al azar y le corresponde a Touraine; lo abro, también, al azar y leo un párrafo resaltado posiblemente el 98, era tan premonitorio, tan limpio, tan sabio: “la democracia es la afirmación absoluta, no de la soberanía popular, indiscernible del poder absoluto del Estado, sino el derecho de cada uno a la individuación, por lo tanto a la subjetivación. Las instituciones o un modelo de sociedad ideal no son fines en sí, sino medios al servicio de un principio no social” ¡Brillante! 

Pensé que este libro seguramente fue escrito en París, y originalmente en francés. Su titulo francés es: Pourrons-nous vivre ensamble?. Egaux et différents. De allí que la conexión hacia ti resultó inevitable. Te imaginé entonces: en un café confortable y protegido del frio, envuelta en el rumor de las palabras de Touraine, y acometiendo el sacrilegio de tomar un te en un Café, te imaginé cruzando una calle, con prisa, solo por mirar, al pasar, la particular arquitectura de un edificio, te imaginé adusta y lejana pretendiendo conectarte con la burocracia parisina, que al igual que todas las burocracias del mundo intenta convertir las verdades simples en misterios teológicos; te imaginé en tu cuarto, metida entre las sábanas haciendo que tus manos desfallezcan sobre tu sexo, mientras me piensas. Me quedo con esta imagen y me estremezco, voy a la galería de fotografía de mi computadora y veo tus fotos, te beso y me hundo en mis cavilaciones. Te miro y siento tu presencia, y verbalizó mi emoción: “Te amo”.

Manuel Gómez 
jueves, 22 de diciembre de 2016


La casa tiene las orejas abiertas
está atenta a esa vitalidad exterior
afuera el mar se estira como un reptil enorme
alguien llora es posible
por una menudencia

otra saltará a un autobús sorberá un té caliente
o comerá semillas saladas.
Afuera se regatea media libra por un pañuelo azul
al que se le urge para sofocar unas lágrimas
desde hace tiempo postergadas.

La casa descorre el velo de sus ojos
siempre lo hace en septiembre
por aquello de los equinoccios y sus caprichos
faubistas.
Pero ¿qué ve la casa con sus ojos cuadrados de buey?
Mira una multitud sacristana
con un rosario lúbrico colgado en la bragueta
mira también a un hombre que acusa
y se resguarda
en su propia inquisición.

La casa nos cobija
tú has dispuesto una sucesión de palabras redondas
y me las prescribes en silencio.
Tú dejas que te intuya
eres solo un presentimiento sobre mi pecho
nos confundimos en las pequeñas confidencias
que se suelen después del amor.
Yo te digo: “estoy perdido por vos”
en el momento justo de la media libra
y el pañuelo azul
para los llantos postergados.



Manuel Gómez Naranjo

Alejandría, 6 de septimbre/86.